jueves, 17 de enero de 2013

ALQUIMIA Y FUEGO INTERNO 03

Hay una gran sabiduría en el simbolismo alquímico y esotérico en general, y también una trampa. La mayoría de quienes intentan el camino del conocimiento, quedan presos en la trampa.

Los símbolos son para usarlos durante un tiempo y después desecharlos. Particularmente, los símbolos toscos, herencia de nuestra etapa animal, como ese de "la mujer". Hay algo que es necesario hacer a tiempo.

En los primeros versículos del capítulo 3 del evangelio de Juan dice que para llegar al Padre hay que nacer por segunda vez

Cita textual: "En verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino. Le dice Nicodemo: ¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? Respondió Jesús: En verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino. Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del Espíritu es espíritu."

La Carne es el cuerpo físico con sus características biológicas, incluyendo la sexualidad; el Espíritu es el potencial energético o de conciencia, que trasciende los detalles carnales.

La exaltación del Espíritu no depende de la carne, sino de un "segundo nacimiento", en el cual ya no se es macho ni hembra, blanco, indio o negro, sino un potencial perceptual puro. Siguiendo la metáfora de Jesús: "El viento sopla y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu."

¿Cómo se nace de nuevo? En voz del Maestro: "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Como Moisés levantó la Saraph (serpiente voladora) en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre."

En otras palabras: nacer de nuevo es hacerse un Quetzalcoatl, potenciar el reptil de la carne hasta que se identifique con el quetzal del espíritu y emanciparse de la servidumbre de la materia. Es un "salto mortal del pensamiento", como decía Carlos.

La técnica es fácil: todas las noches morimos literalmente. No nos descomponemos porque el cuerpo todavía está sano. Quien se da cuenta de que dormir es un viaje a la muerte, resucita al día siguiente y nace de nuevo. Vivir para siempre es vivir cada día como si fuera el último.

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