jueves, 17 de enero de 2013

ALQUIMIA Y FUEGO INTERNO

Una cosa es que el fuego se emplee en asi todas las culturas como emblema de la transformación interna o alquímica, y otra es que seamos literalmente quemados por una llama mística.
El mejor modo de entender este asunto es entrándole a la Obra; uno entonces puede distinguir el símbolo de lo literal. En efecto, hay un fuego figurado que es capaz de fundir el "plomo" del cuerpo físico (de la visión de un cuerpo) para transformarlo en el "oro" del doble de ensueños o ser luminoso.
La Obra alquímica consiste en el dominio del Ensueño. Obvio que, si ensueñas, también puedes ensoñar que te incendias y pasas a la tercera atención. Allí uno puede hacer lo que desee.
Queda claro que el Fuego es un emblema de transmutación, no un acto de combustión literal. No deja residuos, como partes del cuerpo chamuscadas, etc. No tiene que ver con la "combustión expontánea"; es, por el contrario, un acto extremadamente intencional, que requiere años de preparación.

“Nuestro fuego es ... la fuente de Agua Viviente (Mercurio) que rodea y encierra el lugar donde el Rey y la Reina se bañan. Este fuego húmedo es suficiente para toda la Obra en su principio, en el medio y al final, porque todo Arte consiste en este Fuego. "

En Anahuac se le llamaba A-tlachinolli, agua quemada, y era el objeto final de toda búsqueda espiritual. Quizá el arquetipo más nítido del manejo del Atlachinolli es Nanahuatzin, el penúltimo avatar de Quetzalcoatl (el que se quemó en la hoguera de Teotihuacan), del cual afirma el mito:

"Luego que salió purificado de las manos del fuego, se arrojó en un estanque de agua muy fría que para eso estaba preparado, para que quien había pasado por fuego, pasase también por agua. Porque el agua era prueba (de divinidad), como lo había sido el fuego. Y habiendo salido bien de todo, subió al Cielo." (De la Serna, Tratado de las supersticiones)

También es muy clara la alegoría en la historia de Ce Acatl, último avatar de Quetzalcoatl, quien murió en una hoguera, luego resucitó y se fue "caminando" sobre el océano.
La iniciación postrera del mesías, primero por fuego y luego por agua, es un mito universal. Por ejemplo, el Popol Vuh cuenta de Hunahpú y su doble murieron en una hoguera, pero al quinto día aparecieron en un río como hombres-peces y luego subieron al cielo en una luz (II.12-15).
Los incas contaban de su maestro Viracocha: "Al llegar a la provincia de Cacha hizo que cayese fuego del cielo, el cual quemó la cordillera… Y habiendo dejado en orden (al país), llegó a la provincia de Puerto Viejo, se juntó allí con los suyos, que había enviado antes que él, y se metió en el mar, caminando como si anduviese por tierra." (Juan de Betanzos, Suma y narración de los indios)

En el Viejo Mundo hay historias parecidas. En el caso de Jesús, el fuego está simbolizado por su crucifixión y el agua por la nube que lo recibió en lo alto. De Buda se cuenta que murió por una indigestión causada por veneno (fuego) y a continuación fue trasladado al cielo por un arco iris (agua). Krishna fue flechado contra un árbol (fuego), pero luego resucitó y se fue al otro lado del mundo (agua). Igual Osiris, descuartizado por Seth (fuego) y luego arrojado al río Nilo. Etcétera.
En estos relatos encontramos una constante: en cada caso, el tema de la ignición precede al de la inmersión, formando en su conjunto el concepto de la fusión de los opuestos. De modo que la interpretación de la leyenda tolteca es la siguiente: una vez que Ce Acatl consiguió transmutar la parte combustible de su ser (el cuerpo físico) mediante el fuego del espíritu, alcanzó su objetivo final: diluir su conciencia en las aguas del mar cósmico

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Que tu comentario sea respetuoso; que tu crítica sea constructiva..."