sábado, 5 de enero de 2013

EL ARTE DEL ACECHO 07

El octavo principio del Acecho.


Este principio, que debería ser el primero, dice que un nagual debe enfocar el acecho en sí mismo. Esto significa revisarse, limpiarse, etc. usando el propio comportamiento con astucia e impiedad para reforzar -purificándolo- el vínculo con el conocimiento silencioso del intento del Águila, metáfora ésta de lo innombrable. Se le denomina Águila en honor a la primera interpretación visual-cognitiva que le dieron los maestros naguales toltecas ancestrales, pero bien estamos conscientes de que no tenemos la sintaxis correcta para mencionarla. Conformémonos, pues, con llamarle Águila o Supremo Monarca del Universo, como Don Juan Matus -sarcásticamente- le llamó.

Dotando de pureza, energía-intento y sensibilización in extremis a dicho vínculo, el nagual adquiere un poder que se podría describir como saber sin conocer, intuirlo todo sin margen de error, conocimiento ipso facto sin intervención tonálica alguna. 

El octavo principio le permite al nagual aplicar los primeros siete principios a la vida cotidiana. El acechador consumado, el experto, construye un "escenario" que está bajo el control directo de su intento. 
Para esto, el nagual "activa" el intento declarándolo pero sin revelar el objetivo real a los destinatarios de su acción. Cabe aclarar que se crean tantos "escenarios" como sean necesarios.
A dichos escenarios entra mucha gente o la que el acechador permita. Dicha gente ni siquiera sospecha que son parte del "elenco" que el nagual (en su papel de Director absoluto) les asigna. Actúan y se mueven bajo su total dirección...

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