domingo, 20 de enero de 2013

EL UNIVERSO (Y EL NAGUAL) ES IMPERSONAL 02

Seria tan amable en decirme, como sabe usted que NADIE muere creyendo en Dios? Hay algo que avale esa aseveración que usted hace?

Sí, hay algo que avala mi afirmación. No puedo hablarle de ello en este medio, pero en el ensueño con mucho gusto. Si quiere, usted puede verificar por usted misma lo que digo. Acérquese a cualquier moribundo (de preferencia católico o protestante) y observe si está contento o asustado. Nadie que, de veras, cree en Dios, tiene por qué asustarse de la muerte.

Uni significa "uno" y Versus, "diverso o contrario". La unidad de lo diverso. Lo diverso es el caos que llega hasta nuestros sentidos, y lo unido, el intento de ponerle orden. El producto de ese esfuerzo es el significado, que nos hace ver cosas, entidades, en lugar de lo que realmente existe: un flujo no significante de energía.

Nuestra mente funciona como una cámara óptica: invierte las cosas. Después de aprender trabajosamente y durante años a darle significados a las cosas, olvidamos que ese fue un intento deliberado. Terminamos creyendo que sólo existe lo que significa algo (para nosotros) y, por lo tanto, que hay una causa detrás de la existencia. A esa causa le llamamos Dios.

Basta elevar la temperatura para que los apegos psicológicos se disuelvan. ¿Cómo se eleva la temperatura? Sirven las prácticas chamánicas, las plantas, el ensueño, la muerte. NADIE muere creyendo en Dios. ¿De dónde sale la necesidad de llamarle al Universo, "Dios"? ¿No será del subconsciente deseo de tratar de probar algo indemostrado (la existencia de Dios) con algo demostrado (la del Universo)? Si el término "Universo" es suficiente para describir la Totalidad, ¿por qué llamarle por un término con el que no hay dos personas que se pongan de acuerdo?

Podría citar también el testimonio de Santo Tomás: toda una vida de búsqueda de lo divino que le llevó a ser "el padre" de la Iglesia y, cuando estaba muriendo, le dice a su criado con el último aliento: "estaba mal, en todo anduve equivocado". No le dio tiempo a decir por qué.

Yo puedo decir en qué se equivocó el santo: en tratar de entender el mundo - porque, las religiones con sus dioses y doctrinas, no son más que intentos de darle una explicación racional a lo que existe.

La idea de que el mundo es entendible no es racional, sino instintiva. Fue un impulso necesario para nuestra supervivencia como primates, pero hoy comienza a trabar el desarrollo del cerebro. En el futuro, las ciencias y religiones, probablemente unidas, ya no tratarán de explicar las cosas, sino de usarlas. Ese será un período glorioso, cuando nos fundamos con la esencia del Universo, que es un hacer.

Cada vez que consumes plantas sagradas (enteógenos), vas a la muerte. Una vez que aprendes a ensoñar, cada vez que ensueñas vas a la muerte. Si recapitulas hasta recordar el momento de tu concepción, viajas a la muerte. La muerte es una experiencia vivenciable. Lo que distingue a un ensoñador y a un moribundo, es que el primero tiene el cuerpo sano y por eso puede volver; por lo demás, experimentan exactamente lo mismo.

Si alguien quiere pruebas de ello, le diré que la muerte, como la vida, es un fenómeno absolutamente particular. Es uno quien tiene que encontrar sus propias pruebas. Al descubrimiento de la muerte en vida se le llama autorrealización, iluminación, salvación, liberación, pues implica salir de una fantasía.

Entre mis amistades, les aseguro que hay varios que conocen la muerte desde adentro y saben de qué hablo. A ti, lector, te puedo adelantar algo: la muerte no es como creemos que es. Toda creencia palidece frente a la realidad. Y algo más: el peor círculo del Infierno es la Gloria, comparado con lo que vivimos en aquí. Descansa el alma cuando sabe que ya no puede volver a morir.

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