miércoles, 23 de enero de 2013

HABLA UN MAESTRO TOLTECA

Frank Díaz:


Recapitular ablanda la fijeza del mundo. Al darnos cuenta de que la realidad tiene naturaleza onírica y que la vigilia es una forma especializada de sueño, toda recapitulación, hágase donde se haga, es recapitulación de ensueños.

La recapitulación de los incidentes de la vida cotidiana es como la práctica de la tensegridad en vigilia: una metáfora de lo que podemos hacer en ensueños. En ensueños tienes la vida que quieres tener, de modo que recapitular es crear.

Hay que tener cuidado de no convertir la recapitulación en un inventario de confirmaciones. De lo que te ha ocurrido en la vida, sólo es cierto lo que te lleva a ensoñar, porque te lleva a ser libre. Lo demás es Mayawel, "embriaguez", y recapitularlo sólo tiene, si acaso, valor psicológico.

Encuentra las pautas del nagual en tu vida: se te ha manifestado muchas veces. El tema de los 21 centros abstractos puede ser una guía.
El principal sueño inconsciente - sueño oscuro - es ese al que llamamos "vigilia". Creerse despierto es indicador de lo contrario. El despertar comienza cuando uno comprende que no hay diferencia ontológica entre sueño y vigilia, porque lo que hace verdadera a la experiencia no es su formato, sino el acto de percibir.

Eso no significa, sin embargo, que toda percepción sea equivalente. Hay formas pasivas, subconscientes e involuntarias de percibir, y otras activas, conscientes y deliberadas. Estas últimas crean. El sentido de la realidad, para un ensoñador, descansa en la sensación de crear, no meramente en la de existir.

No hay diferencia ontológica o esencial. Lo que caracteriza, tanto a la vigilia como al sueño cotidiano, es que uno tiene la sensación de estar despierto. Puesto que esa sensación es la responsable de definir la realidad, podemos decir que, en realidad, no hay diferencia entre ambos estados.

Algo diferente es estar consciente de que uno está soñando, porque entonces uno es el soñador. Comienza uno dándose cuenta de que está soñando en el sueño, y luego, de que la vigilia es otro sueño. En ese momento, la palabra sueño pierde sentido y el concepto de realidad se redimensiona: ya no se aplica al efecto pasivo de percibir, sino al acto de controlar la percepción.

Trabajar con los conceptos de percepción y ensueño es como caminar por una cuerda floja. Tal acto es posible, pero hay que aprender. Si sientes que vas a resbalar, desconecta el diálogo interno. Es preferible no pensar, a permitir que la mente nos regrese a rutinas conceptuales.

Si vamos a clasificar, la vigilia, junto con el sueño amodorrado, son el último estrato de una serie de densificaciones. Por encima está el sueño lúcido - verdadera trampa en que podemos perder la vida, precisamente porque nos da la sensación de estar por encima de lo cotidiano. Ensueño es lo que queda cuando uno se niega a seguir cediendo a apariencias.

En términos prácticos, podemos decir que ensueño es tomar un control. Pero lo que ocurre, en realidad, es todo lo contrario: deja uno de seguirse aferrando a definiciones, al sentido del yo y a la historia personal. Se deja uno fluir por los caminos de la conciencia. Por eso, tras ensoñar, despertamos con energía.

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