martes, 15 de enero de 2013

HISTORIA DE ALGUIEN QUE VIO AL "VOLADOR"

Una vez ensoñé al volador. Lo vi de lejos, parecía una gárgola de cuero mojado de color marrón. En ese momento, me atravesó una vibración de temor y asco, y sentí cómo caía un peso sobre mis hombros. Todavía percibo su presión aquí, conmigo, como de 20 kilos (supongo que todos en esta lista también lo sienten).

Empecé a averiguar cosas sobre el bicharraco. Le gustan las vibraciones sentimentales, como el miedo, el amor universal, la lástima por los demás y por uno mismo, el sentido de ser importante y la repulsión por ciertos temas, como el sexo o las plantas alucinantes. Él se nutre de esos sentimientos. Con ellos crea un tejido al que, en Oriente, llaman Maya, que hace que la gente se sienta muy cómoda con lo que creen.

Para mantener ese tejido, el volador ha inventado algunos cuentos de niños que pasan por doctrinas religiosas, como dios, la reencarnación, el alma, la resurrección del cuerpo, el armagedón o la llegada de los hermanitos cósmicos. Él es quien está detrás del Papa, del Dalai Lama, de Su Divina Gracia el Harekrishna y de otros personajes responsables de mantener tranquila a la borregada. Todo es cuestión de comer o ser comido.

También averigué qué es lo que le molesta; sin duda alguna y en primer lugar, los hongos. Les tiene pavor, pues no le gusta el estado de silencio que producen. Le siguen los peyotes, ayahuascas, ololiuhquis y toloaches, en ese orden. Y la meditación, por ejemplo. (Averiguar eso, me permitió comprender porqué, en nuestra sociedad, el manejo de tales plantas está prohibido.)

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