lunes, 21 de enero de 2013

LA INGESTIÓN SAGRADA

hay dos maneras de excitar estos campos; primero, por medio de la voluntad, ... ya sea Yoga, contemplación, meditación, etc, segundo, por medio de un elemento externo, es decir, una ingesta.

He practicado desde mi adolescencia ambos métodos y encuentro una sustancial diferencia, precisamente causada por lo que tú mencionas: la meditación parte de la voluntad individual, la cual, en última instancia, está al servicio del ego. En cambio, la planta nos guía a donde ella quiera. 

Eso produce dos tipos de experiencia: la meditación te lleva al reconocimiento de la unidad (la iluminación). La planta, por el contrario, te lleva a la oscuridad y, eventualmente, te desintegra.

La única técnica que conozco, en la cual se vive la experiencia de la planta a partir de la voluntad propia, es el ensueño. Sin embargo, para ensoñar, uno tiene que aprender a ir más allá del rudo impulso de la voluntad. Castaneda escribió que la voluntad es la materia prima, pero el producto refinado es el intento.

El ensueño es sueño, y uno puede soñar con lo que quiera, incluso con la idea de ponerse a meditar o de comer hongos. En este último caso, puede que ocurra la experiencia psicodélica, poniéndonos en posición de salir del vuelo a voluntad de la planta, o salir del sueño por voluntad propia. Uno decide si acepta la existencia del plano físico o se emancipa.


las experiencias varian en cada persona, en la mayoria son las imagenes tridimensionales que el Huichol expresa en su arte por las visiones del Peyotl.

Las plantas sagradas tienen dos efectos fisiológicos:
1. Incrementan la velocidad y eficacia del flujo nervioso, por lo que potencian los sentidos (de ahí las imágenes que mencionas).
2. Incrementan la capacidad de establecer límites, significados y comparaciones. Son como una lupa, te dan un potencial, pero el contenido de la experiencia lo pone uno. 

Si uno ha cultivado la conciencia mediante reflexión, meditación, búsqueda de experiencias, adquisición de cultura en general y afinamiento de las capacidades racionales y volitivas, la experiencia es deleitable. Pero, si uno acumula errores interpretativos, entonces da miedo y puede llegar a ser un suplicio.

El clima hostil que enfrentan las plantas en la actualidad se debe a las malas experiencias sufridas por curas y funcionarios del gobierno que han querido averiguar qué hay ahí. Eso desató la histeria anti-plantas de la Edad Media, que culminó con las prohibiciones del siglo XX.

La mejor manera de entrarle a los estados de acrecentamiento sensorio-perceptual es no tener ninguna creencia (higiene mental). Por ello, las religiones y escuelas filosóficas, por lo general, están en contra del uso de plantas, pues estas desarticulan todos los dogmas.

Es un milagro que el uso de plantas como parte del ritual religioso haya sobrevivido en civilizaciones como las de Anahuac y el Tahuantisuyu. Eso habla muy bien de su nivel del cultura espiritual. Y eso explica también la obsesión con que los invasores europeos y sus herederos ideológicos trataron y aún tratan de destruir esas culturas.

Las plantas son sólo una herramienta, no el objeto de la experiencia. El objeto de todo ejercicio de conciencia es liberarnos de los vicios perceptuales, incluyendo el vicio de morirse.

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