sábado, 5 de enero de 2013

"ROMPO UNA LANZA" POR EL NAGUAL



Ya he dicho en otras ocasiones que el Nagual Castaneda y especialmente su obra, tienen sus detractores y críticos feroces. También he dicho al respecto que sucede un curioso fenómeno: todos sus enemigos forman dos grupos muy marcados. Los que lo rechazan a priori sin haber puesto en práctica sus postulados (que no son de él, para empezar); y los que, habiéndolos puesto, no tuvieron el suficiente poder personal ni la perseverancia y/o disciplina que se requiere en este arduo camino.
Ambos, resultan pues, en unos fracasados. La mayoría de estos fracasados optan por "olvidarlo todo y a otra cosa", pero queda un remanente de fracasados repinchetiranitos que eligen "demostrar" que el Nagual mintió, se equivocó, plagió, inventó o falseó todo lo relativo al Nagualismo.
Una excepción son aquellos que, poniendo en práctica el nagualismo, se aterrorizan. Se asustan tanto que eligen "salirse". A un gran y querido amigo así le pasó.
De estos últimos, y por fuera del círculo de académicos, "vacas sagradas", escépticos, sabelotodos, científicos y antropólogos que "oficialmente" lo han atacado crítica e insidiosamente, me he encontrado dos que son un ejemplo clásico. Uno de ellos tiene una página en la que está "diseccionando" la obra del Nagual minuciosamente. Quiero opinar que sus artículos son francamente ultraegoicos, aberrantes, delirantes, paranoicos e increíblemente fuera de toda proporción y sobriedad.  Aparte, demuestra una ignorancia de la obra del Nagual de proporciones inconmensurables, amén de odio gratuito, envidia oculta y un airecillo de fracasado que se puede "oler" por toda la página.

El segundo se lleva la palma: en su página te remite a un libro de su autoría (lo tengo) en el cual afirma -entre otras aberraciones- que Carlos Castaneda ¡le robó/plagió toda su propuesta! Incluso llega a decir que Castaneda iba a su pueblo, se alojaba cerca de donde vivía y le escamoteaba sus apuntes... ¡las cuales escribió desde que tenía 8 años!
Cuando este hombre fue a Los Ángeles a reclamarle ¡Castaneda intentó asesinarle enviándole un sicario que lo arrojó al agua!
Como anécdota recuerdo cierta vez que este sujeto vino al D.F. a dar una conferencia precisamente sobre ese tema ("Carlos Castaneda me robó, plagió e intentó asesinarme") y tuve el placer de encararlo y hacerlo literalmente pomada. Un fiasco el mentiroso éste.

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Para algunos, la obra de Castaneda es la confirmación de la falta de autenticidad del conjunto; mientras que para otros corrobora su autenticidad. Para mí, su obra ratifica su excelencia.
Está claro que las diferentes reacciones dependen del credo de los lectores, pues si bien hay una predisposición para leer, no la hay para perder las costumbres mezquinas.
En cualquier lector se erige un juez: muchas personas no tienen nada que aprender, pues sólo buscan imponer su aprobación o su veto.
El que pertenece a la "secta" racionalista, que por ser la más simple es la más extendida, buscará la autenticidad de los hechos, y relegará a Castaneda al reino infernal de las supercherías.
El que se identifique como tradicionalista se preocupará por las cuestiones de autenticidad o de oportunidad, utilidad o, por supuesto, de ortodoxia.
Por lo que respecta a la primera cuestión; y esto tal vez sólo lo puedan comprender los budistas, un camino no se verifica por la comprensión común, que es ignorante por definición, sino por la propia práctica.
Ningún aprendiz consecuente de Buda se preguntará si Gautama ha existido o no; si las atribuciones de los Sutras son reales, etcétera. El camino está ahí y hay que seguirlo, o conquistarlo.
Toda búsqueda erudita, toda curiosidad común cuya conclusión sólo puede enriquecer la colección de datos muertos que pueblan el cerebro de las personas demasiado corrientes, no es sólo una pérdida de tiempo, sino que también es la mejor forma de rodar de infierno en infierno.
No deja de ser curioso ver hasta qué punto se esfuerzan algunos para precisar los puntos y comas que les permitan establecer si un texto puede inscribirse entre sus prejuicios. Para estas personas, las raras oportunidades susceptibles de despertar -como la obra de Castaneda- al cual todo hombre debería estar agradecido, no son datos válidos pues estas personas particularmente pretenciosas y mezquinas,  pretenden aplicar sus criterios de muerte a todo lo que sobrepase su minúsculo entendimiento. Lo valoran todo desde su encierro en sí mismos...

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