jueves, 14 de febrero de 2013

"EL UMBRAL DEL SILENCIO" 02 NAGUAL CARLOS CASTANEDA


Le pidieron que nos diese algunos ejercicios prácticos para llegar al silencio. Contestó que ese era un asunto muy privado, porque los resortes del diálogo interno se nutren de nuestra historia personal.
"Sin embargo, a través de milenios de prácticas, los brujos han observado que, en el fondo, somos muy parecidos y hay situaciones que tienen el efecto de silenciarnos a todos por igual."
"Mi maestro me transmitió diversas técnicas para acallarme que, bien entendidas, se reducen a una: el intento. El silencio se intenta crudamente, haciendo el esfuerzo. Es cosa de insistir una y otra vez. Ello no significa que reprimamos nuestros pensamientos, sino que aprendamos a controlarlos."
"El silencio empieza con una oración, un acto de voluntad que se convierte en el comando del Aguila. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que mientras nos impongamos el silencio nunca estaremos verdaderamente ahí, sino en la imposición. Hay que aprender a transformar la volunad en intento."
"El silencio es tranquilo, es un abandonarse, dejarse ir. Produce una sensación de ausencia, como la que tiene un niño cuando se queda mirando al fuego. ¡Qué maravilla recordar ese sentimiento, saber que se puede volver a evocar!"
"El silencio es la condición fundamental del sendero. Yo pasé largos años batallando para conseguirlo y todo lo que logré fue enrollarme en mi propia tentativa. Además de la plática habitual que desde siempre tenía lugar en mi mente, comencé a recriminarme por no poder entender qué era lo que don Juan esperaba de mí. Todo cambió un día, mientras me hallaba contemplando distraídamente unos árboles; el silencio se abalanzó desde ellos como una fiera, parando mi mundo y arrojándome a un estado paradójico, por nuevo y a la vez conocido."
"La técnica de observar, es decir, de contemplar el mundo sin ideas preconcebidas, funciona muy bien con los elementos. Por ejemplo, con las llamas, la caída del agua, las formas de las nubes o la puesta del sol. Los nuevos videntes le llaman 'engañar a la máquina', porque, en esencia, consiste en aprender a intentar una nueva descripción."
"Uno tiene que luchar denodadamente para conseguirlo, pero, después que ocurre, el nuevo estado de conciencia se sostiene con naturalidad. Es como poner el pie en la puerta, ya que está abierta y es asunto de acumular suficiente energía para pasar al otro lado."
"Lo importante es que nuestro intento sea inteligente. De nada vale que nos esforcemos por llegar al silencio si primero no le creamos condiciones favorables para que se sostenga. Por lo tanto, además de ejercitarse en la observación de los elementos, un guerrero está obligado a hacer algo muy simple, pero muy difícil: ordenar su vida."
"Todos vivimos en una cadena de intensidad a la que llamamos 'tiempo'. Como no divisamos su fuente, tampoco nos detenemos a pensar en su fin. Mientras somos jóvenes nos sentimos eternos, y para cuando envejecemos, sólo nos queda quejarnos por el 'tiempo perdido'. Pero eso es una ilusión, el tiempo no se pierde, ¡nos perdemos nosotros!."
"La sensación de que tenemos tiempo es un equívoco que nos lleva a desperdiciar la energía con todo tipo de compromisos."
Cuando un hombre conecta con el silencio interno, revalora su tiempo. Así que, otra forma de definirlo, es decir que el silencio es una aguda conciencia del presente.
"Un método infalible para conseguir el silencio es el no-hacer, una actividad que programamos con nuestra mente, pero que tiene la virtud de acallar los pensamientos una vez que es puesta en marcha. Don Juan le llamaba a ese tipo de técnicas 'sacar una espina con otra'."

Puso como ejemplo de no-hacer el escuchar en la oscuridad, trocando la prioridad de nuestros sentidos y el comando que nos obliga a dormirnos en cuanto cerramos los ojos. También, conversar con las plantas, practicar el sistema isha, pararnos de cabeza, caminar hacia atrás, observar las sombras, la distancia o los espacios entre las hojas de los árboles.
"Todas esas actividades son de lo más efectivas para acallar nuestro diálogo, pero tienen un defecto: no podemos sostenerlas durante mucho tiempo. Después de un rato, nos vemos forzados a recuperar nuestras rutinas. Un no-hacer que se exagere, automáticamente pierde su poder y cae dentro del hacer."
"Si lo que queremos es acumular silencio profundo, de efectos duraderos, el mejor no-hacer es la soledad. Junto con el ahorro de la energía y el abandono de aquellos que nos dan por hechos."
"El mundo del guerrero es de lo más solitario que hay. Aun cuando varios aprendices se junten para viajar por las rutas del poder, cada uno sabe que está solo, que no puede esperar nada del otro ni depender de nadie. Lo más que puede es compartir su camino con quienes le acompañan."
"Estar solos requiere un gran esfuerzo, porque aun no hemos aprendido a sobreponernos al comando genético de la socialización. Al principio, el aprendíz debe ser forzado a ello por su maestro, a través de trampas si es preciso. Pero con el tiempo aprende a disfrutarlo. Es normal que los brujos busquen el silencio en la soledad de la montaña o en el desierto y que vivan solos durante largos períodos."
Alguien comentó que esa era "una perspectiva horrorosa".
Carlos replicó: "¡Horroroso es llegar a viejos como unos niños llorones!"

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