domingo, 24 de febrero de 2013

FILÓSOFO TOLTECA DON JUAN MATUS "Las Tres Atenciones"

LAS TRES ATENCIONES

La atención es el acto de enganchar y canalizar la percepción: el fruto final del cultivo de la percepción. (EDA) 

El tiempo es la esencia de la atención. Las emanaciones del Águila están compuestas de tiempo y, propiamente hablando, ampliar la percepción es profundizar en el misterio del tiempo. (EDA)

A la conciencia de los seres humanos adultos, madurada por el proceso del crecimiento, ya no se le puede llamar simplemente conciencia de ser, porque su modificación la ha convertido en algo más intenso y complejo, algo que los videntes llaman atención. (EFI)

La atención es el proceso de domar y enriquecer la conciencia de ser a través del proceso de vivir. (EFI)

Los videntes dicen que hay tres tipos de atención. Cuando dicen eso, se refieren solo a los seres humanos y no a todos los seres conscientes que existen. Pero los tres no son tan solo tipos de atención, son más bien tres niveles de realización. Son la primera, segunda y tercera atención; cada una es un reino independiente, completo en sí mismo. (EFI)

En el hombre, la primera atención es la conciencia animal, en bruto, que a través del proceso de la experiencia humana ha sido convertida en una facultad compleja, intrincada y extremadamente frágil, que se encarga del mundo cotidiano en todos sus innumerables aspectos. En otras palabras, todo aquello en lo que puede uno pensar forma parte de la primera atención. (EFI)

La primera atención es todo lo que somos como hombres comunes y corrientes. En virtud de su dominio tan absoluto sobre nuestras vidas, la primera atención es la propiedad más valiosa que tenemos. Quizás es incluso nuestra única propiedad. (EFI)

Las conclusiones del riguroso examen de los nuevos videntes tienen muy poco que ver con la razón o la racionalidad, porque para examinar y explicar la primera atención, uno debe "verla". Solo los videntes pueden hacer eso. (EFI)

En términos de lo que los videntes "ven", la primera atención es un intenso resplandor de color ambarino. Es un resplandor que invariablemente se mantiene fijo en la parte superior de la superficie del capullo y que abarca lo conocido. (EFI)

La segunda atención, por otra parte, es un resplandor muchísimo más intenso y cubre una mayor extensión. Tiene que ver con lo desconocido. Es un estado complejo y especializado que entra en función cuando se utilizan las emanaciones interiores del capullo que ordinariamente permanecen fuera de juego. (EFI)

Uno de los más grandes momentos de los nuevos videntes fue cuando descubrieron que lo desconocido son tan solo emanaciones deshechadas por la primera atención. (EFI)

A la segunda atención también se le llama la conciencia del lado izquierdo; y es el campo más vasto que pueda uno imaginarse, tan vasto que parece ilimitado. Yo no me metería en ella por nada del mundo, dijo Don Juan. Es un atolladero tan complejo y grotesco que los videntes sensatos solo entran en ella bajo las más estrictas condiciones. La gran dificultad consiste en que la entrada a la segunda atención es enteramente fácil y su atracción casi irresistible. Los antiguos videntes dedicaron todo su esfuerzo a extender el resplandor de la conciencia a todas las emanaciones interiores de sus capullos, encendiéndolas por bandas, una banda a la vez. Y lo lograron, pero curiosamente, el hecho de encenderlas por bandas les hizo quedar aprisionados en algo tan inmenso que jamás pudieron salir de ello. (EFI)

Los nuevos videntes corrigieron ese error extendiendo ese resplandor, de un solo golpe, a todos los confines del capullo luminoso. La tercera atención se alcanza cuando el resplandor de la conciencia se convierte en el fuego interior; un fuego que no enciende solo una banda a la vez, sino que enciende a todas las emanaciones del Águila que están en el interior del capullo del hombre. (EFI)

El estado de conciencia total es "visto" como una explosión de incandescencia en todo el huevo luminoso. Es una explosión de luz de tal magnitud que los límites de la concha se vuelven difusos y las emanaciones interiores se extienden más allá de todo lo imaginable. Ningún otro hombre o criatura viviente se ilumina así. Los videntes que premeditadamente alcanzan la conciencia total son algo digno de "verse". Ese es el momento en el que arden por dentro. El fuego interior los consume. Y en plena conciencia se funden con las emanaciones en grande, y se expanden en la eternidad. (EFI)

Don Juan expresó su reverencia y admiración por el esfuerzo premeditado de los nuevos videntes para alcanzar la tercera atención cuando aún tienen vida y están conscientes de su individualidad. (EFI,)

Al momento de morir todos los seres humanos entran en lo que no se puede conocer, y algunos de ellos alcanzan la tercera atención, pero de una forma del todo breve y solo para purificar el alimento del Águila. El logro supremo de los seres humanos es alcanzar ese nivel de atención y al mismo tiempo retener la fuerza de la vida, sin convertirse en una conciencia incorpórea que se mueve como un punto vacilante de luz hacia el pico del Águila para ser devorado. (EFI)

Le hice muchas preguntas a Don Juan sobre la supervivencia de la conciencia después de que el ser luminoso es consumido por el fuego interior. No me contestó. Simplemente se rió, encogió los hombros y prosiguió su explicación. (EFI)

Fueron los antiguos videntes quienes dieron accidentalmente con algo monumental al descubrir que la percepción es alineamiento. (EFI)

Percibir consiste en emparejar las emanaciones encerradas en nuestro capullo con las que están fuera. Los videntes pueden "ver" las emanaciones interiores de cualquier ser viviente, y pueden saber cuáles emanaciones exteriores hacen juego con ellas. (EFI)

Al examinar el resplandor de la conciencia, los nuevos videntes hallaron que todos los seres orgánicos, excepto el hombre, aquietan sus emanaciones interiores para que puedan alinearse con sus correspondientes emanaciones en grande. Los seres humanos, en lugar de eso, hacen que su primera atención tome un inventario de sí misma. Los seres humanos prestan atención a sus emanaciones interiores. Ninguna otra criatura hace eso. En el momento en que la presión de las emanaciones en grande fija a las emanaciones interiores, la primera atención comienza a observarse a sí misma. Anota todo acerca de sí misma, o por lo menos intenta hacerlo, de maneras aberrantes. Este es el proceso que los videntes llaman “hacer un inventario”. (EFI)

Don Juan dijo que aunque no le gustaba llamar comandos a las emanaciones, eso es lo que son: comandos que nadie puede desobedecer. No obstante la manera de no obedecer las ordenes radica en obedecerlas. En el caso del inventario de la primera atención, los videntes hacen el inventario, porque no pueden desobedecer. Pero una vez que lo han hecho, lo tiran por la ventana. El Águila no nos ordena adorar nuestro inventario: nos ordena hacerlo, eso es todo. (EFI)

Los seres humanos aquietan sus emanaciones y reflexionan en ellas. Las emanaciones se concentran en sí mismas. Los seres humanos llevan el comando de hacer un inventario a un extremo lógico y hacen caso omiso de todo lo demás. Una vez que están profundamente involucrados en el inventario, pueden hacer dos cosas: o ignorar los impulsos de las emanaciones en grande, o utilizar esos impulsos de una manera muy especializada. El resultado final de ignorar esos impulsos es un estado único conocido como la “razón”, el raciocinio. El resultado de usar los impulsos de una manera especializada se conoce como la “absorción en uno mismo”. (EFI)

Los videntes perciben la razón humana como un resplandor opaco, extrañamente homogéneo, que solo en muy raras ocasiones responde a la constante presión de las emanaciones en grande; un resplandor que endurece el capullo, pero que también lo vuelve más quebradizo. (EFI)

Don Juan comentó que en la especie humana la razón debería abundar, pero que en realidad es muy escasa. La mayoría de los seres humanos eligen la absorción en sí mismos. (EFI)

Para que pueda haber interacción entre los seres vivientes, la conciencia necesita un grado de absorción en sí misma. Pero con la excepción del hombre, ningún ser viviente tiene un grado tal de absorción en sí mismo. Al contrario de los hombres de razón, que ignoran el impulso de las emanaciones en grande, los individuos absortos en sí mismos usan esos impulsos y los convierten en una fuerza que agita aún más las emanaciones en el interior de sus capullos. (EFI)

Los videntes que contemplan a seres humanos absortos en sí mismos los "ven" como descargas intermitentes de luz blanca, seguidos por largas pausas de opacidad. (EFI)

La primera atención funciona muy bien con lo desconocido. Lo bloquea; lo niega con tanta ferocidad que, al final, lo desconocido no existe para la primera atención. Hacer un inventario nos vuelve invulnerables. Es precisamente por eso que existe el inventario. (EFI)

Es mejor que las cosas incomprensibles sigan siendo incomprensibles, en vez de convertirlas en parte del inventario de la primera atención. (EFI)

No hay nada más peligroso que la fijeza maligna de la segunda atención. El aspecto maligno de la segunda atención aparece cuando los ensoñadores se enfocan en las cosas de este mundo: dinero, poder sobre la gente, etc. (EDA)

Tanto la primera como la segunda atención son convocadores de oportunidades: cuanto más se ejercitan, más conseguimos lo que deseamos. No hay hechos fortuitos; nuestra atención es la que hace que las cosas nos sucedan. Es la atención la que hace al mundo. (EDA)

El sitio donde se "arma" la segunda atención es un punto en el cascarón luminoso, a unos 30 cm del ombligo y 40 grados a la derecha aproximadamente. (EDA)

La manera más segura de acertar un golpe directo en la segunda atención es a través de actos rituales: cantos monótonos o movimientos repetitivos. (EDA)

El ritual puede atrapar nuestra atención mejor que ninguna otra cosa, pero también exige un precio muy alto. Ese precio es la morbidez. (ECS)

La segunda atención es la calma misma. (EDA)

La segunda atención se podía definir como el producto de un desplazamiento del punto de encaje. Un desplazamiento que debe de ser intentado, empezando por intentarlo como una idea, y acabando por intentarlo como un estado de conciencia fijo y controlado, donde uno se da cabal cuenta del desplazamiento del punto de encaje. (ADE)

Las zonas planas, al igual que el agua, son antitéticas de la segunda atención. (EDA)

La renuncia a explicar la predisposición perceptual de la segunda atención en términos de la primera es meramente funcional: para evitar quedarse irremediablemente atrapado por las palabras. (EDA)

Es imperativo que los guerreros comprendan la naturaleza de la primera atención si es que van a aventurarse en las otras dos. (EDA)

La primera atención funciona seleccionando (desnatando) un "racimo" de emanaciones concretas de entre una cantidad infinita de emanaciones superfluas que también están presentes. Esta es una hazaña que cada ser humano alcanza por sí mismo. Pero todo lo que la primera atención suprime en un desnate ya no puede ser recuperado por esta atención bajo ninguna circunstancia. (EDA)

Todos los seres humanos maduros que rodean a los niños les enseñan (inconscientemente) a desnatar. (EDA)

El grado de realidad que imbuimos a nuestros desnates es realmente un poder magistral y original del ser humano, pero también es el responsable de nuestra ceguera... (EDA)

El verdadero responsable de esta certeza perceptiva es el "primer anillo de poder", una fuerza exterior que no solo nos apremia a construir y perpetuar desnates, sino a establecer un consenso total con todos nuestros semejantes acerca de lo que percibimos. Así pues, esta fuerza dinámica, compulsiva, inexplicada, es el origen, lo que fuerza a la atención a canalizar la facultad física de la percepción a abandonar el caos original y aprehender desnates. Pero es el "intento" lo que hace que el primer anillo de poder se mueva de maneras aceptables. Es el intento el que constantemente recrea y completa los desnates, a través de la fuerza apremiante del primer anillo de poder. Así pues, el verdadero origen, la fuerza motora, es el intento. (EDA)

El examen de la segunda atención debe comenzar con darse cuenta de que la fuerza del primer anillo de poder, que nos encajona, es un lindero físico, concreto: una "pared de niebla" que puede ser perforada por medio del entrenamiento del guerrero. Al perforar la pared uno entra en un vasto espacio intermedio (limbo). La tarea del guerrero consiste en atravesarlo hasta llegar a la siguiente línea divisoria, que también deberá ser perforada a fin de entrar en lo que propiamente es el otro yo o la segunda atención. Estas dos líneas se llaman las "líneas paralelas" y son infinitas: de ahí que no haya más remedio que perforarlas. (EDA)

Es posible que en vez de la pared de niebla hagamos aparecer cualquier otra cosa. Pero los videntes han optado por visualizar lo que consume menor energía. (EDA)

Don Juan advirtió que no se debe intentar dominar a la segunda atención deliberadamente. Si esto ocurre, debe ser mediante un proceso natural que se desenvuelve sin gran esfuerzo por nuestra parte. La razón de esta indiferencia estriba en la consideración práctica de que al dominarla simplemente se vuelve muy difícil romperla, y la meta que los guerreros persiguen activamente es romper ambas predisposiciones perceptuales para entrar en la libertad final de la tercera atención. (EDA)

El meollo de la lucha de un guerrero consiste realmente en concebir que existe una conciencia total. (EDA)

Alcanzar la libertad no significa tener vida eterna, sino que uno puede conservar la conciencia, aunque no podamos concebir lo que esto significa. (EDA)

Al alcanzar la tercera atención cada célula del cuerpo se torna consciente de sí misma y de la totalidad del cuerpo. (EDA)

La división del campo perceptible humano en tres dominios básicos no disiente demasiado, tampoco, de los niveles que establece a grandes rasgos la teosofía: mundo físico, astral y espiritual. Puntualizando, se podría decir, no obstante, que el mundo etérico, astral y mental, quedan comprendidos, en el sistema tolteca, dentro de la segunda atención, también llamada el lado izquierdo, y que constituye el conjunto global de las emanaciones adormecidas de nuestro cuerpo luninoso. El mundo físico queda reducido a una minúscula zona de conciencia en la superficie del capullo. Y la tercera atención parece guardar relación con el inefable misterio de la liberación integral de nuestro “fuego interno”. Un reino de características tan indescriptibles para las herramientas sintácticas humanas, que hablar de él resulta inútil.
Antes que hacer comparaciones descalificadoras entre unas tradiciones y otras, nuestro deber como estudiosos es más bien penetrar en los motivos semánticos últimos que llevan a unos videntes independientes, en este caso los toltecas, a determinar tres reinos básicos en el universo de la conciencia humana, a titularlos como “atenciones”, y a insistir en el carácter meramente instrumental, y nunca final, del segundo de ellos.
Otra gran sorpresa es la definición del raciocinio, y del egocentrismo (la absorción en uno mismo), en base al uso especializado que hacemos de los inventarios de la primera atención (cuyo proceso perceptivo está pormenorizado en las “seis proposiciones explicatorias” de El Don del Águila). Hay mucha menos gente razonable de lo que suponemos, y ya suponíamos que había poca; pero la novedad introducida por Don Juan es hacernos saber que la otra alternativa es vivir “absorto en uno mismo”. Al margen del valor psicológico de estas aportaciones, es verdaderamente significativo que ambas especializaciones, tanto la razón como la absorción en uno mismo, sean calificadas como “aberraciones” de la percepción..

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"Que tu comentario sea respetuoso; que tu crítica sea constructiva..."