martes, 26 de febrero de 2013

FILÓSOFO TOLTECA DON JUAN MATUS "La Importancia Personal"


LA IMPORTANCIA PERSONAL

La importancia personal es nuestro mayor enemigo. Aquello que nos debilita es sentirnos ofendidos por los hechos y malhechos de nuestros semejantes. Nuestra importancia personal requiere que pasemos la mayor parte de nuestras vidas ofendidos por alguien. (EFI)

Hay que llevar a cabo todos los esfuerzos posibles para erradicar la importancia personal de la vida de los guerreros. Sin importancia personal somos invulnerables. (EFI)

La importancia personal no puede combatirse con"delicadezas". (Hay que atajarla, si es preciso, con medidas drásticas) (EFI)

Los videntes, antiguos y nuevos, se dividen en dos categorías. La primera está integrada por aquellos que están dispuestos a ejercer control sobre sí mismos. Estos videntes son los que pueden canalizar sus actividades hacia objetivos pragmáticos que beneficiarían a otros videntes y al hombre en general. La otra categoría está compuesta de aquellos a quienes no les importan ni el control de sí mismos ni ningún objetivo pragmático. Se piensa de manera unánime entre los videntes que estos últimos no han podido resolver el problema de la importancia personal. (EFI)

La importancia personal no es algo sencillo e ingenuo. Por una parte, es el núcleo de todo lo que tiene valor en nosotros, y por otra, el núcleo de toda nuestra podredumbre. Deshacerse de la importancia personal requiere una obra maestra de estrategia. Los videntes de todas las épocas han conferido las más altas alabanzas a quienes lo han logrado. (EFI)

Los guerreros hacen inventarios estratégicos. Hacen listas de sus actividades y sus intereses. Y luego deciden cuáles de ellos pueden cambiarse para, de ese modo, dar un descanso a su gasto de energía. En los inventarios estratégicos de los guerreros, la importancia personal figura como la actividad que consume mayor cantidad de energía, y por eso se esfuerzan por erradicarla, por liberar esa energía para enfrentarse con ella a lo desconocido. La acción de recanalizar esa energía es (otra forma de entender lo que llamamos) la impecabilidad. (EFI)

Los seis elementos del acecho (ver más adelante, en el capítulo sobre el acecho) son la estrategia más efectiva para librarse de la importancia personal. (EFI)

Los guerreros se preparan para tener conciencia, y la conciencia total solo les llega cuando ya no queda en ellos nada de importancia personal. Solo cuando son nada se convierten en todo. (EFI)

De todas las premisas del camino del guerrero, la más efectiva es "perder la importancia personal". Pues nuestro más pernicioso desgaste de energía es la compulsiva presentación y defensa del yo; la preocupación acerca de ser o no admirados, queridos, o aceptados. (ADE)

Así son los hombres: les encanta que se les diga lo que deben hacer, pero les gusta mucho más resistirse a hacerlo. (SAP)

Lo que acaba con la importancia personal es haber comprendido que la realidad es tan sólo una interpretación que hacemos. (EFI)

Cualquier movimiento del punto de encaje significa alejarse de la excesiva preocupación con el yo individual, de la imagen de sí y, por consiguiente, de la importancia personal. (ECS)

La importancia personal es la fuerza generada por la imagen de sí. Es esa fuerza la que mantiene al punto de encaje fijo en su posición habitual. Por ese motivo, la meta de todo cuanto hacen los brujos es el destronar la importancia personal. (ECS)

La importancia personal es, en realidad, la compasión por sí mismo disfrazada, la cual es el verdadero enemigo y la fuente de la miseria del hombre. (ECS)

La posición habitual y la imagen de sí obligan al punto de encaje a armar un mundo de falsa compasión, pero de crueldad y egoísmo muy reales. (ECS)

Hay que estar consciente de que la importancia personal es la fuerza que mantiene fijo al punto de encaje y, que si se restringe la importancia personal, la energía que naturalmente requiere y emplea queda libre. Esa energía libre y no malgastada es la que llama al espíritu y sirve entonces como un trampolín automático que lanza al punto de encaje, instantáneamente y sin premeditación, a un viaje inconcebible. (ECS)

Una vez que se ha movido el punto de encaje, puesto que el movimiento en sí representa un alejamiento de la imagen de sí, se desarrolla un claro y fuerte vínculo de conexión con el espíritu. Después de todo, es la imagen de sí lo que había desconectado al hombre del espíritu. (ECS)

La única ayuda concreta que has obtenido de mí es que yo ataco tu imagen de sí. Si no fuera por eso estarías perdiendo el tiempo conmigo. Ésa es la única ayuda real que has obtenido de mí. (ECS)

Los seres humanos son “criaturas de inventario”. Conocer los pormenores de cualquier inventario es lo que convierte a un hombre en erudito o experto en su terreno. Los brujos saben que, cuando una persona común y corriente encuentra una falta en su inventario, o bien extiende su inventario o el mundo de su imagen de sí se derrumba. (ECS)

El inventario “es” la mente. Los brujos cuentan con eso cuando tratan de romper el espejo de la imagen de sí. (ECS)

La idea de lo abstracto, del espíritu, es lo único que tiene importancia. La idea del yo personal no tiene el menor valor. (ECS)

Una de las cosas más dramáticas de la condición humana es la macabra conexión entre la estupidez y la imagen de sí. Es la estupidez la que nos obliga a descartar cualquier cosa que no se ajuste a las expectativas de nuestra imagen de sí. (ECS)

Puesto que nuestra mente es nuestra racionalidad, y nuestra racionalidad es nuestra imagen de sí, cualquier cosa que esté más allá de nuestra imagen de sí o bien nos atrae o nos horroriza, según qué tipo de persona seamos. (ECS)

Para el nagual Julián, la importancia personal era un monstruo de mil cabezas y había tres maneras en que uno podía enfrentarse a él y destruirlo. La primera manera consistía en cortar una cabeza por vez; la segunda era alcanzar ese misterioso estado de ser llamado “el sitio donde no hay compasión”, el cual aniquila la importancia personal matándola lentamente de hambre; y la tercera manera era pagar por la aniquilación instantánea del monstruo de las mil cabezas con la muerte "simbólica" de uno mismo (el "boleto para ir a la impecabilidad"). (ECS)

En la misma medida en que el rito obliga al hombre común y corriente a construir enormes iglesias que son verdaderos “monumentos a la importancia personal”, también obliga a los brujos (pervertidos) a construir edificios de morbidez y obsesión. (ECS)

El espejo de la imagen de sí es sumamente poderoso y solo suelta a sus víctimas después de una lucha feroz. (ECS)

La característica de la gente normal es que compartimos una daga metafórica: la preocupación con nuestro reflejo. Con esa daga nos cortamos y sangramos. La tarea de las cadenas de nuestro reflejo es darnos la idea de que todos sangramos juntos, de que compartimos algo maravilloso: nuestra humanidad. Pero si examináramos lo que nos pasa, descubriríamos que estamos sangrando a solas, que no compartimos nada, y que todo lo que hacemos es jugar con una obra del hombre: nuestro predecible reflejo. (ECS)

El poder personal es decididamente un bien, pero otra cosa muy distinta es la importancia personal, el egocentrismo, el orgullo, el núcleo principal sobre el que descansa nuestra ceguera e ineptitud espiritual, que acaba convirtiendo el proceso de socialización en nuestra más inevitable esclavitud. La vanidad, el creerse alguien, el cultivo del ego y de la “persona” (precisamente como máscara existencial), es nuestra preocupación más dañina y ancestral, y no hay parcela de nuestra vida libre de su funesta influencia.
Si trabajamos, si pensamos, si amamos, si deseamos, incluso si enfermamos y nos morimos, todo lo hacemos porque eso es lo que se espera de nosotros, por el qué dirán, por ajustarlo a nuestra imagen íntima del hombre apreciado y poderoso. Los mecanismos de la importancia personal son retorcidos e inaprehensibles. Ya es difícil eliminar la vanidad en un triunfador, un poderoso, un intelectual; pero aún lo es más llegar a concebir que precisamente un hombre de conocimiento, un sabio, se tenga por “nada”. La espiritualidad oriental abunda en este conflicto. El taoísmo, y especialmente Chuang-Tzú, lo hacen con especial agudeza, si es que no lo convierten en el eje principal de su filosofía.
El mundo es rígido e inalterable solo porque nuestra máscara, nuestra imagen de nosotros mismos, sí lo precisa para defenderse del terror a lo desconocido, a la abstracta posibilidad de ser libres.

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