sábado, 23 de febrero de 2013

FILÓSOFO TOLTECA DON JUAN MATUS "Las Emanaciones del Águila"

"Existe una teoría evolucionista que se opone frontalmente a la otra teoría: la creacionista. Los toltecas, como siempre en conclusiones trinitarias proponemos la más plausible: la Emanacionista" (Julio Diana, 2006)

Debido a nuestra conciencia de ser, nosotros pensamos que nos rodea un mundo de objetos. Pero lo que en realidad nos rodea son las emanaciones del Águila, fluidas, siempre en movimiento, y sin embargo inalterables, eternas. (EFI)

Las emanaciones del Águila son una cosa en sí misma, inmutable, que abarca todo lo que
existe, lo que se puede y lo que no se puede conocer. No se pueden describir con palabras. Son una presencia, una especie de masa, una presión que crea una sensación deslumbrante. Algo de lo que uno ha de ser testigo, pero que solo puede vislumbrarse. (EFI)

El universo está formado por campos de energía que desafían las descripciones o el escrutinio. Los brujos las llaman las emanaciones del Águila. Parecen filamentos de luz ordinaria, pero la luz ordinaria carece de vida comparada con las emanaciones del Águila, las cuales exudan conciencia de ser. (ECS)

El problema lo crea la conciencia de ser. En el momento crucial, cuando todo debía ser el simplísimo caso de las emanaciones que se reconocen a sí mismas, lo consciente del hombre se ve obligado a interpretar. El resultado es la visión de un Águila y de sus emanaciones. Pero no hay ningún Águila, y no hay emanaciones algunas. Lo que nos rodea es algo que ninguna criatura viviente puede comprender. (EFI)

El acto más significativo de la brujería es el "ver" la esencia del universo. De acuerdo a Don Juan, los brujos de la antigüedad, los primeros en "verla", la describieron de la mejor manera posible. Dijeron que se asemeja a hilos incandescentes que se extienden en el infinito, en todas las direcciones concebibles; filamentos luminosos que están conscientes de sí mismos, en formas imposibles de comprender. (ADE)

No existe una versión conveniente de las emanaciones, como la hay del Águila. (EFI)

Las emanaciones están conscientes de sí mismas, vivas y vibrantes; hay infinitas de ellas, y cada una es una eternidad. (EFI)

Los videntes que "ven" las emanaciones del Águila muchas veces las llaman “comandos” (órdenes, mandamientos). Llamarlas comandos suele parecer demasiado humano, pero eso es realmente lo que son, los comandos del Águila. Los nuevos videntes comprendieron de inmediato que las emanaciones poseían una fuerza apremiante y obligatoria. Se dieron cuenta de que todos los seres vivientes se ven obligados a usar las emanaciones del Águila, sin jamás saber lo que son. Y comprendieron que los organismos están hechos para captar cierta porción de esas emanaciones, y que cada especie tiene una gama definida. Las emanaciones ejercen enorme presión sobre los organismos, y a través de esa presión los organismos construyen su mundo perceptible. En nuestro caso, como seres humanos, nosotros usamos esas emanaciones y las interpretamos como la realidad. Pero lo que el hombre capta es una parte tan pequeña de las emanaciones del Águila que resulta ridículo dar tanto crédito a nuestras percepciones, y sin embargo no es posible pasarlas por alto. (EFI)

La única realidad inmutable, que todo lo abarca, son las emanaciones del Águila.(EDA)

El hombre común interpreta las emanaciones como la realidad, los objetos. Los videntes las interpretan como la Regla. (EDA)

La Regla no tiene fin, y cubre cada faceta de la vida de un guerrero. (EDA)

Un vidente puede hacer su propia interpretación personal de la Regla. (EDA)

El primer precepto de la Regla es que todo lo que nos rodea es un misterio insondable. El
segundo precepto es que debemos tratar de descifrar esos misterios, pero sin ninguna esperanza de lograrlo. El tercero es que un guerrero se hace consciente de todo esto y se considera a sí mismo un misterio. Esta es la humildad del guerrero. Uno es igual a todo. (EDA)

Los videntes no se enredan en conjeturas sobre la naturaleza de las emanaciones, sino que intentan presenciar, ver, cómo los demás seres vivientes las perciben e interpretan. Esto es mucho más funcional. (EDA)

No existe un Dios. Lo único que existe son las emanaciones del Águila, y a ellas no hay manera de hacerles promesas. (EFI)

Las emanaciones del Águila se agrupan siempre en racimos. Los antiguos videntes llamaron a esos racimos las grandes bandas de emanaciones. No son realmente bandas, pero el nombre se les quedó. Por ejemplo, existe un racimo inmensurable que produce seres orgánicos. Las emanaciones de esa banda orgánica son de una calidad casi esponjosa. Son transparentes y tienen una luz propia única, una energía peculiar. Están conscientes, se mueven. Esa es la razón por la cual todos los seres orgánicos están llenos de una energía devoradora. Las otras bandas son más oscuras, menos esponjosas. Algunas de ellas no tienen luz en absoluto, sino una especie de opacidad. (EFI)

Los seres orgánicos se forman con las emanaciones de una sola banda; pero los videntes "ven" que dentro de esa banda orgánica hay diferencias descomunales entre esos seres. (EFI)

Hay tantas bandas como el infinito mismo. Sin embargo, los videntes descubrieron que en la tierra solo hay 48 de esas bandas. Eso significa que hay 48 tipos de organizaciones en la tierra, 48 tipos de racimos o estructuras. La vida orgánica es uno de ellos. Entre las restantes, hay siete bandas que producen burbujas de conciencia inorgánica. Las otras cuarenta bandas producen burbujas sin conciencia alguna; ésas son bandas que solo generan organización. (EFI)

La manera en que el Águila confiere la conciencia es mediante tres gigantescos haces de emanaciones que recorren las ocho grandes bandas. Estos haces son bastante peculiares, porque hace que los videntes sientan un color. Un haz da la sensación de ser rosa amarillento; otro da la sensación de ser color melocotón; y el tercer haz da la sensación de ser ambarino, como la miel clara. El hombre, por ejemplo, está ligado al haz ambarino, pero hay otros seres que también lo están. El haz de color rosa pertenece sobre todo a las plantas, y la banda color melocotón pertenece a los insectos. (EFI)


Las grandes bandas no son ni planas ni redondas, sino indescriptiblemente arracimadas, como un montón de paja, que queda sostenido a mitad del aire por la fuerza de la mano que la lanzó. No existe orden en las emanaciones; decir que existe una parte central o que existen bordes resulta engañoso, pero necesario para entenderlo. (EFI)

El producto de las otras cuarenta grandes bandas no es en absoluto la conciencia, sino una configuración de energía inanimada que los antiguos videntes llamaban “vasos”, mientras que llamaban “capullos” o “recipientes” a los productos de las ocho bandas con conciencia. Lo que explica la luminosidad independiente de los capullos y los recipientes es la energía de la
conciencia, mientras que los vasos son receptáculos rígidos cuya luminosidad estática proviene solo de la energía de las emanaciones encapsuladas. (EFI)


El hecho de separar la materia sustancial del universo, las emanaciones, de la fuente que las produce, el Águila establece una radical categoría metafísica en el Conocimiento. Quizás corresponde a los mismos físicos decidir en qué medida una estructura de infinitas hebras de energía encaja con las descripciones subatómicas de la materia, y con su carácter expansivo. Pero lo abrumador del caso es la consideración de que esos unánimes engramas están conscientes de sí mismos, y de que un artificio mental creado por las emanaciones mismas nos impide reconocernos en ésa nuestra verdadera identidad, precipitándonos en un abismo de superficiales interpretaciones perceptivas cuyo propósito nunca puede ser, precisamente en metafísica, lógico.
 ¿Cómo podemos estar tan enajenados de nosotros mismos? ¿Cómo puede la individualidad ser algo tan grosero? Nuevamente, al dotar a cada quark de un apremio inevitable e infinito (las emanaciones son al mismo tiempo los “comandos” del Águila), nos exonera de la responsabilidad de nuestra propia confusión. Todo lo que nos rodea nos obliga a existir y a comportarnos como lo hacemos. 
Gracias a la comprensión de la naturaleza intrínseca de las cosas, sin embargo, el vidente da un salto cualitativo al encontrar un “edificio” inteligente de intencionalidades (la Regla) en lo que los demás solo aprecian una sucesión caótica de sucesos (la Realidad). El mundo mismo se convierte, juntando cada una de sus manifestaciones, en un código oculto de actuación que dirige al guerrero hacia la libertad.

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